
Muchas veces, pensamos que hablar del verdadero amor es encontrar al príncipe azul, aquel que vendrá a solucionar nuestros problemas, astuto, valeroso, apuesto, montado en su caballo para llevarnos a su castillo encantado; cuando de pronto caes en cuenta de que no hay tal fulano, que estas atorada en medio del tráfico, por lo consiguiente la imagen del caballo se descarta de inmediato, que el castillo más cercano es el de Chapultepec y que el último hombre atractivo que conociste resultó:
a) metrosexual
b) gay
c) casado
Por lo que el factor "soledad" empieza a generarte ideas confusas sobre el rumbo de tu vida personal, aparece en escena el pánico y de un instante a otro dejaste de pensar en los pañales para dedicarte al cuidado de los gatos. Es entonces cuando yo me pregunto: ¿Será cierto que más vale sola, que mal acompañada?
Seguramente has notado lo anterior en más de una pareja a tu alrededor, donde finalmente el amor se confundió con compañía, la feliz pareja es integrada por dos personas que han perdido la esperanza de enamorarse y que han decidido que juntos pueden alcanzar sus metas y compartir los gastos.
Este me parece un punto de vista muy práctico, incluso podría llamarlo funcional, pero a mi en lo personal me parece repulsivo, es como ir al cine solamente para comer palomitas sin desear ver la película, seguramente se te calmara el hambre, pero a final de cuentas no estás viviendo el cine.
No dudo que haya personas a las que les funcione y les guste vivir así en una relación de pareja "pantalla" quedando bien con todos y simplificándose la vida, pero insisto eso no es más que una desviación del amor creada por la sociedad, que obliga a muchas personas a casarse sin estar enamoradas, yo no espero que llegue un caballero perfecto, solo quiero alguien que pueda proporcionarme la base del matrimonio, lo más elemental, lo de cajón: el amor.

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